Cuando la transpiración es un problema

Cintia Lepere | 25/2/2008 | Archivado en Cuidados |

No hay nada más sexy que un hombre sudado luego de hacer su rutina deportiva y esto tiene una explicación científica. La androstadienone, la feromona que se encuentra en el sudor de los hombres incrementa los niveles de cortisol, una hormona relacionada con el estímulo sexual en las mujeres. Sin embargo, cuando la transpiración es excesiva y extremadamente olorosa, la sensualidad se diluye y se convierte en una alteración hormonal denominada bromhidrosis, la cual puede afectar incluso a los hombres más preocupados por su higiene personal.

Las glándulas sudoríparas están ubicadas en las axilas, ingles, frente, planta de pies y palma de manos y reaccionan ante estímulos hormonales masculinos (sexuales) o emocionales (stress). La transpiración se podría definir un manto protector en el que agua y lípidos están en perfecto equilibrio. Cuando este equilibrio se rompe, la piel brilla y transpira más. Aquí es cuando, además de la secreción, el mal olor se hace presente producto de los gérmenes que afloran sobre la sustancia acuosa.
La cosmética y la materia prima de la indumentaria son factores que ayudan a reducir la transpiración. Por eso, los especialistas aconsejan usar ropa de algodón o de hilo y desechar el nylon, sobre todo, en verano. Sin embargo, la higiene íntima y la utilización de productos adecuados es un factor importante. Es aconsejable el uso de talcos, lociones y jabones con PH neutro para evitar el desarrollo de gérmenes. En cuanto a los desodorantes son preferibles los de bolilla o pasta antes que los de aerosol y los inodoros por sobre los perfumados. Estos últimos facilitan la invasión de gérmenes en la zona en la que se utilizó el producto.Más allá de la cosmética, los laboratorios medicinales ofrecen productos más eficaces. Los antisudorales con antibióticos es una de las opciones. Otra es el empleo de soluciones de limpieza, las cuales actúan como detergentes retirando la secreción sebácea. También se puede recurrir desodorantes de formulación magistral para inhibir la secreción sebácea, y bacteriostáticos. Una solución más radical es la aplicación de inyecciones de toxina botulínica. Las mismas bloquean la transpiración y deben ser aplicadas directamente en la zona a tratar cada seis meses. Todos estos productos deben ser prescriptos por el médico.

Transpiración

Transpirar, lejos de ser un mal síntoma es un método natural de limpieza de los poros de la piel. A través del sudor se puede eliminar hasta el 30% de las toxinas acumuladas. Por eso hay que estar atentos a los excesos de secreción, allí es donde radica el problema.



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